La espiritualidad también puede convertirse en una forma de escapar
Cuando confundimos trascender con dejar de habitar la vida

Hay momentos en los que sentimos que algo ha cambiado para siempre.
Puede ocurrir después de una conversación, de un retiro, de una meditación profunda o de una pérdida que nos obliga a mirar la vida desde otro lugar. Durante unas horas, o unos días, todo parece distinto. El mundo adquiere una claridad desconocida. Las preocupaciones habituales pierden importancia. Sentimos que, por fin, hemos comprendido.
Pero la vida siempre regresa. Hay que hacer la compra. Responder mensajes. Cuidar de los hijos. Hablar con la pareja. Ir a trabajar. Escuchar a ese compañero que nos irrita. Poner límites. Pedir perdón. Sostener una conversación incómoda.
Y entonces ocurre algo desconcertante. Aquella comprensión inmensa parece desvanecerse entre los pequeños gestos de todos los días.
Pensé que eso significaba que la experiencia había sido una ilusión, pero hoy sospecho exactamente lo contrario.
Quizá la experiencia era real. Lo que todavía no era real era nuestra capacidad para vivir desde ella.
Existe un fenómeno poco conocido al que algunos psicólogos han llamado bypass espiritual. Se refiere a la tendencia a utilizar ideas, prácticas o experiencias espirituales para evitar el encuentro con aspectos de la vida que todavía nos resultan difíciles de habitar.
No suele aparecer por falta de sinceridad. Al contrario. Con frecuencia nace de experiencias profundamente auténticas.
El problema no es la experiencia. Es lo que hacemos con ella.
El bypass espiritual adopta formas muy distintas. Está quien habla constantemente del amor incondicional, pero evita cualquier conversación donde pueda sentirse herido. Quien medita durante horas para no encontrarse con una tristeza que todavía no sabe sostener. Quien perdona demasiado deprisa porque permanecer en el dolor resulta insoportable. Quien cambia una y otra vez de maestro, de terapia o de retiro buscando recuperar una intensidad que la vida cotidiana parece haber apagado. Quien afirma que todo ocurre por una razón mientras utiliza esa frase para no mirar un conflicto que necesita ser atravesado. Quien siente una profunda compasión por la humanidad y, sin embargo, pierde la paciencia con las personas que más quiere.
Los reconozco bien. En distintos momentos de mi vida también encontré refugio en algunos de esos lugares.
Durante mucho tiempo pensé que el bypass espiritual era un error. Hoy empiezo a verlo de otra manera. Quizá sea una estrategia. Cuando una experiencia amplía nuestra percepción, también aumenta la complejidad que debemos integrar. De pronto vemos relaciones que antes no existían para nosotros. Comprendemos dimensiones nuevas de la realidad y eso cambia nuestra manera de entender quiénes somos.
Pero nuestro organismo todavía sigue organizado según la comprensión anterior.
Entonces aparece una tensión. Una parte de nosotros ya vive en un mundo nuevo. Otra continúa intentando sostener la vida con una arquitectura que pertenece al mundo anterior. El bypass espiritual nace precisamente en ese espacio.
No escapamos hacia la espiritualidad porque haya demasiada conciencia. Escapamos porque todavía no sabemos cómo encarnarla.
Toda experiencia que no encuentra un lugar en la vida cotidiana termina convirtiéndose en un lugar del que cuesta regresar.
Por eso el problema nunca fue meditar, contemplar o tener experiencias profundas. El problema aparece cuando esas experiencias empiezan a sustituir el trabajo mucho más lento de reorganizar una vida.
La naturaleza nunca crece de forma continua. Alterna expansión e integración. Y la conciencia hace exactamente lo mismo.
El verdadero signo de una experiencia espiritual no es la intensidad con la que transforma un instante. Es la paciencia con la que empieza, poco a poco, a transformar la forma en que escuchamos, discutimos, trabajamos, cuidamos y amamos.
Porque la espiritualidad no consiste en alejarnos de la vida, consiste en aprender a habitarla con una profundidad que antes no era posible.
Para seguir pensando
Esta pregunta forma parte de Coherencia, donde la desarrollo dentro de una investigación más amplia sobre percepción, conciencia, información y cambio de paradigma.