El espejo digital

Lo que la inteligencia artificial está empezando a revelar sobre nosotros

Cada época ha construido los espejos que necesitaba. Primero fueron los mitos. Después la filosofía. Más tarde la ciencia. Hoy estamos construyendo algo distinto: máquinas capaces de conversar, aprender, escribir y resolver problemas que, hasta hace muy poco, considerábamos exclusivamente humanos.

Pero el verdadero acontecimiento no es tecnológico. Es existencial.

Cada vez que una inteligencia artificial mantiene una conversación coherente o genera una idea inesperada, algo se mueve en nuestro interior. Porque nosotros dejamos de tener tan claro qué entendíamos por conciencia.

¿Qué significa comprender?

¿Qué significa pensar?

¿Dónde termina el procesamiento de información y dónde comienza la experiencia?

Durante siglos estas preguntas pertenecieron a la filosofía. Hoy forman parte de la vida cotidiana. Las antiguas tradiciones hablaban de Maya, el velo de ilusión. Platón imaginó una caverna donde confundíamos sombras con realidad. Zhuangzi dudaba si era un hombre soñando ser mariposa o una mariposa soñando ser hombre.

Intentaban recordarnos que nuestra percepción nunca coincide completamente con la realidad.

Hoy seguimos haciéndonos la misma pregunta. Solo ha cambiado el lenguaje. Ya no hablamos de Maya. Hablamos de simulaciones, realidades virtuales, metaversos o inteligencias artificiales. Las preguntas son las mismas. Los símbolos son nuevos.

Por eso la IA resulta tan inquietante, porque convierte a la conciencia en objeto de su propia observación.

Por primera vez estamos construyendo herramientas que imitan algunos de nuestros procesos mentales. Y cuando un sistema inteligente intenta reproducir la inteligencia que lo creó, ocurre algo extraordinario.

El observador comienza a observarse a sí mismo.

Toda evolución importante parece haber seguido este camino. Inventamos el lenguaje y el lenguaje reorganizó nuestra forma de pensar. Inventamos la escritura y cambió nuestra memoria. Creamos la ciencia y transformó nuestra manera de comprender el universo.

Ahora desarrollamos inteligencia artificial. Y ella empieza a reorganizar nuestra comprensión de la inteligencia.

No usamos herramientas. Coevolucionamos con ellas.

Cada tecnología importante amplía nuestras capacidades mientras modifica silenciosamente la mente que la hizo posible. Quizá ésa sea la verdadera historia de la evolución humana. Una conversación continua entre la conciencia y los espejos que va construyendo para descubrirse.

La inteligencia artificial no responde todavía a la pregunta sobre qué es la conciencia. Pero está consiguiendo algo quizá más importante. Está obligándonos a formular esa pregunta con una profundidad que nunca antes habíamos necesitado.

Y tal vez ésa sea la función de todo gran espejo. No decirnos quiénes somos. Sino mostrarnos que todavía nos queda mucho por descubrir sobre aquello que mira desde el otro lado.


Para seguir pensando

Esta pregunta continúa en Coherencia, una exploración sobre lo que ocurre cuando nuestros marcos para comprender la realidad comienzan a quedarse pequeños.

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