La vida que ocurre antes del pensamiento

No todo lo que somos pasa por la conciencia.

Nos gusta pensar que vivimos desde nuestras decisiones. Que primero pensamos, después elegimos y finalmente actuamos. La experiencia cotidiana parece confirmarlo. Sentimos que somos quienes conducimos nuestra vida.

Pero basta observar con un poco más de atención para que aparezcan las primeras grietas.

Hay personas que nos inspiran confianza antes de haber pronunciado una palabra. Otras nos incomodan sin que sepamos explicar por qué. Un olor nos transporta de golpe a la infancia. Un sueño permanece latiendo durante todo el día. Una intuición aparece mucho antes de que encontremos argumentos para sostenerla.

La mayor parte de lo que vivimos comienza antes de que podamos nombrarlo.

La conciencia llega tarde. Muy tarde.

Cuando finalmente decimos “he decidido”, miles de procesos llevan tiempo organizándose debajo de ese pensamiento. El cuerpo ya había empezado a responder. La emoción había coloreado la situación. La memoria había buscado experiencias parecidas. La percepción había filtrado buena parte de la información disponible. Y la psique había comenzado a construir una dirección.

No solemos percibir ese trabajo silencioso. Solo recibimos el resultado, como quien abre una aplicación sin ver todo lo que ocurre en el sistema operativo.

Ampliar la conciencia es aprender a escuchar aquello que todavía no ha llegado a ella.

Los sueños.

Las imágenes.

Las intuiciones.

Las asociaciones espontáneas.

Los símbolos que aparecen una y otra vez.

Porque forman parte del mismo organismo que intenta organizar nuestra experiencia.

La psique no habla mediante conceptos. Habla con imágenes, emociones y relaciones inesperadas. Su lenguaje es mucho más antiguo que las palabras y, probablemente, mucho más antiguo que nuestra propia especie.

La biología lleva millones de años resolviendo problemas sin necesidad de pensamiento consciente. Lo hace nuestro sistema inmunológico. Lo hace el desarrollo embrionario. Lo hace un bosque. Lo hace una colonia de bacterias.

La inteligencia apareció mucho antes que la conciencia reflexiva. Nosotros somos una de sus expresiones más recientes.

Mirar la experiencia desde esta perspectiva cambia profundamente nuestra vida interior. Dejamos de entenderla como una lucha entre razón e irracionalidad y empezamos a verla como una conversación entre distintas formas de inteligencia. Algunas hablan con palabras. Otras con sensaciones. Otras con imágenes. Otras con silencios.

Escuchar la psique no significa obedecer cada impulso ni convertir cualquier intuición en una verdad. Significa reconocer que la conciencia nunca estuvo sola. Siempre formó parte de una inteligencia mucho más amplia que continúa trabajando, incluso mientras creemos haber terminado de pensar.


Para seguir pensando

Esta pregunta continúa en Coherencia, una exploración sobre lo que ocurre cuando nuestros marcos para comprender la realidad comienzan a quedarse pequeños.

Conocer el libro →

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *